Afortunadamente, el tema del género se abre cada vez más y se debate de manera que nos ha llevado a una reflexión individual y social sobre cómo ejercemos nuestra identidad. Lo hemos visto en medios de comunicación y mucho más en redes sociales. Desafortunadamente, no siempre se ha hecho una reflexión apropiada, sobre todo cuando de por medio se usa el recurso del chiste y el humor. Parece inofensivo, pero la realidad es que hacer uso de éste puede traer diversos efectos que muchas veces pasan desapercibidos por su invisibilidad volviéndolo tolerable y pasable, es decir, no tomándolo tan en serio y permitiendo que se sigan perpetuando estereotipos de ser hombre y mujer, lo cual viene a darle en la torre a una construcción más diversa y equitativa por la que muchos trabajamos y promovemos en nuestras vidas.
Pirámide de la violencia de género.
Dentro de las formas invisibles y sutiles se encuentra el humor sexista.
El humor sexista se encuentra en una de las bases de las formas sutiles de actitudes o conductas machistas invisibles con respecto al ejercicio del género. Dentro de éstas se encuentran otra serie de actitudes que de igual manera se justifican desde la idea del “no es para tanto” o de juzgar algo desde el “qué exagerado”, de forma que el humor o los chistes en los que se habla de que los hombres son de una manera y las mujeres de otra, no se cuestionan ni confrontan. Esto es común en la publicidad y en el arte principalmente, y es este tipo de situaciones las que perpetúan y encasillan el ejercicio del género, lo empobrecen y lo reducen. Hay diferentes tipos de humor, y algo en lo que tenemos que estar de acuerdo es que a veces un tipo de humor o comedia no es para todos, puede ser aceptable o reprobable.
El humor sexista suele comparar y exagerar aspectos
de lo que social y culturalmente se espera de hombres y mujeres,
poniendolas a ellas como personas complicadas, difíciles y controladoras.
La cosa es cuando este tipo de humor se vuelve tolerable, provoca que haya una confrontación de los roles y se convierte en una pelea o “guerra de sexos” en la que los estereotipos son los protagonistas. Lo vemos sobre todo en medios de comunicación, incluyendo las redes sociales: programas de T.V., imágenes, videos, fotografías, entre otros medios visuales son los que actualmente llevan este mensaje de cómo deben de ser los hombres y las mujeres. A mí lo que me atañe como promotor y creador de espacios de reflexión sobre las masculinidades son los hombres, y por eso me preocupa cómo me sigo topando con un humor que saca provecho de las ventajas de la identidad masculina apegada al ser caballero o un varón ejemplar, simple y práctico, o lo contrario, un mujeriego sexópata, flojo, torpe y abusón, realzando estas cualidades. La guerra de sexos provoca una lucha de poder absurda que no lleva a ninguna parte sólo por hacer valer un punto de vista que se considera real, pues los y las participantes lo que promueven es desde sus creencias y aprendizajes hablar de un estilo definido de comportamientos aceptables e inaceptables, y eso es lo sexista de este asunto. La guerra de sexos no es el análisis funcional para una introspección efectiva sobre lo que hombres y mujeres desde su identidad están haciendo bien o mal, porque justifica algunos comportamientos desde “pues es que es hombre” o “es que así son las mujeres” y los pone en juego. Es un error decir que “así somos y así vivimos”, atenta contra la individualidad y la diversidad.
Pudiera ofender o pudiera causar gracia y empatía al final de su discurso
El mensaje inicial es el recurso humorístico que muchos pudieran tomar como algo verdadero y acertado.
Cualquier tipo de humor, incluso el homofóbico o el racista, aquel que nos ponga en una posición de superioridad intelectual o de clase es un ejercicio de poder mal planteado porque es un abuso de éste y con eso, un tipo de violencia. La reflexión del género no requiere de chistes o risas fáciles por temerle a ser serios, pero tampoco requiere de tratarlo con intelectualidad solemne. A la intelectualidad hay que hacerla reír, y a los que lo ven como un chiste que lo intelectualicen. La intelectualidad cansa pero es necesaria, y hacerlo cómico desgasta y degrada. Si la broma o el chiste no están bien fundamentados y sólo están basados en los aprendizajes tradicionales o estereotipos del género, ya valió. Repito, no se trata de hacer serio el asunto, pero sí de tomárselo en serio. Si queremos construir, requiere de una reeducación y renuncia de los aprendizajes de lo que define al género masculino y femenino, de redefinir nuestra identidad.
La comedia "stand up" es un tipo de comedia que suele utilizar los recursos
de las etiquetas y estereotipos para causar risas y la simpatía del publico.


