sábado, 12 de noviembre de 2016

"Galimatías emocional" de Neoforic

No se trata de un lenguaje confuso que no describe una emoción, es uno que le da sentido a un embrollo de experiencias y sonidos. Claro, directo y nostálgico.


Pasaron muchos años para que los chicos de Neoforic nos presentaran este trabajo que ante las adversidades personales que este dúo tuvo que enfrentar en el transcurso de su composición y producción, salió avante y con un resultado muy afortunado. Quizás esas mismas eventualidades fueron las que le dieron la fuerza sonora que caracteriza a “Galimatías emocional”, un título con un juego de palabras muy inteligente y muy a lo Fangoria, ambos ingredientes que le dan personalidad a las canciones que lo conforman.

Recientemente, el grupo mexicano Moenia creó un concepto sonoro llamado “Fantom”, en el que entre canciones inéditas agregan a la mezcla sonidos de otras canciones haciendo apariciones entre voces, letras y música. Neoforic sin saberlo creó también esta idea, dándole un efecto nostálgico a algunas de las composiciones de “Galimatías emocional”.

Una de las características con las que sorprende este disco es siendo contundente, y desde el título de la primera canción “La verdad es la verdad” lo logra, nos avisa que en el transcurso de este viaje sonoro no nos andaremos con rodeos, sumado a la aparición de un llamado bien conocido por los oídos de los amantes de la música de los ochentas. Nos movemos a algo con tedio y densidad en “Justificarse ante Dios” que cumple con su intención de crear una atmosfera de enfado y disconformidad. Con “No hay más leña que la que arde” se define la dirección de este disco a través de su letra que se vale de un ritmo digno de una pista de baile, como se muestra en su video. Sin embargo, surge como un oasis en medio de un cálido desierto “Seres pares” con un ritmo más sutil y la aparición de un mítico coro femenino, aunque “Aviones y acrobacias” con su apertura nos vuelve a colocar de manera fulminante en los ritmos bailables para explorar una analogía entre el desamor y la caída a pique de un vuelo mal pilotado.

Confieso que “Tacto eléctrico” es mi favorita por muchas razones. En primer lugar, por la aparición de los martillazos que son prestados de “Japón” de Mecano, y luego por su sonido industrial que le da una personalidad robótica y electrizante, sumada a su letra interpretada entre coros y voces enérgicas, donde destaca la colaboración con Julio Granados. “200,040 noticias” continúa con la atmósfera bailable agregando la potente participación de Albert Isasi colocándose fuertemente con la aparición de un ritmo y coro dance noventero que acompaña de la mano a la letra de la canción donde se da por hecho que en verdad hay personas sin límites. Esto da paso a la envolvente “Telaraña” que nos va atrapando desde su inicio con la aparición de un rap que pide funk. Si damos un paso atrás en el tiempo descubriremos que ya lo hizo antes en otra canción, aunque la que aquí nos presenta Neoforic se vuelve una confrontación directa a una persona despreciable.

Luego, con “Tierra bajo mis pies” no podremos evitar cantar desde la primera aparición de un coro femenino y bailar aunque sientas que la tierra se mueve con la siguiente aparición, todo esto acompañado de la letra que nos asegura que pase lo que pase, podemos seguir mejor. Finalmente, “Patea mi corazón” despide las composiciones del dúo de Barcelona en una melodía que va por lo acústico a lo electrónico y con su última aparición, nos deja con nuestros propios dispositivos abiertos a dar una vuelta constante por las canciones una vez más, y por el contenido extra que funciona como un bonus a manera de remixes cortesía de Neosynth.

Sin duda, “Galimatías emocional” es un trabajo de Neoforic que representa un logro musical y personal para sus integrantes, habiendo creado una serie de canciones bailables, contundentes, potentes y con una fuerza que deja huella en aquel que las escucha. 

jueves, 11 de agosto de 2016

Los amigos y los amantes

Los amigos se encuentran,
la rueda gira en su inexorable circulo,
inesperado y frenético.
Los amigos se buscan,
se asimilan en una sincronía dispersa
en el tiempo húmedo y las noches secas.

Su vida logra coincidir en sutiles letras,
pocas palabras, ruidos.
Los amigos no esperan volverse amigos,
salen consigo mismos y con ellos,
se entregan, se dan, se insinúan,
calculando vértices y aristas.

Se comparten historias. La amistad
se adultera, en un cuento de más, sin ficción.
Siempre con el hambre carnal,
siempre, la sed lasciva.
Buscan,
pero no interfieren, deducen.

Saben un secreto que no saben contar.
La amistad es el pretexto preciso,
se da el siguiente paso, el otro, el otro.
Los amigos son los amorosos,
los que se tientan con atrevimiento.
Los amigos se besan en intersección.

Gozan bestias en vez de humanos.
La sangre en sus miembros les induce
a una exploración que se vuelve cacería.
Los amigos se provocan
pero no siempre caen presas del lobo.
En secreto emprenden la huida
y lo hacen con excepcional cautela.
Pierden la dirección geométrica
y la vía recta se vuelve una curvatura.

Los amigos son extraños, desconocidos,
sin aparentes caminos ni figuras.
Los amigos hablan de sus planos,
afines, similares,
montados en espejos.
Se pasan los meses en silencios abreviados,
de los que son fingidos, apropiadamente,
de los que son despedidas
como rechazos sutiles.

Los amigos cruzan entre cortinas,
en terrenos simultáneos, en dudas.
Bailan la extensa, la bella danza de la realidad.
No podrán escaparse.
De esta no podrán escaparse.
Los amigos convergen en un escenario.
Radiantes, pero resplandecientes de lujo,
la vida les favorece delante de sus manos,
y ellos lo siguen, comparten cada oportunidad
en que noches y días coinciden sensualmente.

Se alejan de repente de la cara del triángulo,
van a un lado nuevo unidos en obra mutua
prósperos,
van a la apertura de templos y cuevas.
Los amantes se ponen a bailar entre piernas
una revelación adivinada,
y se va sin Dios, sin diablo
el amante resignado.

viernes, 8 de julio de 2016

Intima habitación

Sin duda, tuvimos iniciativa
incitados por el instinto,
un impulso efervescente
 de lanzarse a la aventura.

Inestables peregrinajes
idas y vueltas irracionales.
De una mirada a un trago,
de una bocanada 
a un suspiro.

El fin desencadena el principio:
los miembros firmes y erguidos,
los corazones y sus latidos.
Los cuerpos brillan de placer,
bella danza que nos sienta bien.
Nos descubrimos como templos,
nos adentramos como sus huéspedes.

Sin duda, no lo dejamos pasar.
Dormimos en un abrazo compartido,
despertamos unidos a un destino.

Tú por delante, yo por detrás.
Yo me quedo, tú te vas.

No sabré qué hacer con esta paz.
Sentirla es sensato, pero mis deseos 
volverán.

Regresarán.