Los amigos
se encuentran,
la rueda
gira en su inexorable circulo,
inesperado y
frenético.
Los amigos
se buscan,
se asimilan
en una sincronía dispersa
en el tiempo
húmedo y las noches secas.
Su vida
logra coincidir en sutiles letras,
pocas
palabras, ruidos.
Los amigos
no esperan volverse amigos,
salen
consigo mismos y con ellos,
se entregan,
se dan, se insinúan,
calculando
vértices y aristas.
Se comparten
historias. La amistad
se adultera,
en un cuento de más, sin ficción.
Siempre con
el hambre carnal,
siempre, la
sed lasciva.
Buscan,
pero no
interfieren, deducen.
Saben un
secreto que no saben contar.
La amistad
es el pretexto preciso,
se da el
siguiente paso, el otro, el otro.
Los amigos son
los amorosos,
los que se
tientan con atrevimiento.
Los amigos
se besan en intersección.
Gozan
bestias en vez de humanos.
La sangre en
sus miembros les induce
a una
exploración que se vuelve cacería.
Los amigos
se provocan
pero no
siempre caen presas del lobo.
En secreto
emprenden la huida
y lo hacen
con excepcional cautela.
Pierden la
dirección geométrica
y la vía
recta se vuelve una curvatura.
Los amigos
son extraños, desconocidos,
sin
aparentes caminos ni figuras.
Los amigos
hablan de sus planos,
afines,
similares,
montados en espejos.
Se pasan los
meses en silencios abreviados,
de los que
son fingidos, apropiadamente,
de los que
son despedidas
como
rechazos sutiles.
Los amigos
cruzan entre cortinas,
en terrenos
simultáneos, en dudas.
Bailan la
extensa, la bella danza de la realidad.
No podrán
escaparse.
De esta no
podrán escaparse.
Los amigos
convergen en un escenario.
Radiantes,
pero resplandecientes de lujo,
la vida les
favorece delante de sus manos,
y ellos lo
siguen, comparten cada oportunidad
en que
noches y días coinciden sensualmente.
Se alejan de
repente de la cara del triángulo,
van a un
lado nuevo unidos en obra mutua
prósperos,
van a la
apertura de templos y cuevas.
Los amantes
se ponen a bailar entre piernas
una revelación
adivinada,
y se va sin
Dios, sin diablo
el amante
resignado.