Ser duro y de metal oxidado
no es el fin de un drama de carne.
Ser de madera con pintura rasgada
no es una piel que ignore al tacto.
Todo es un viaje coartado,
un respiro que se ahoga en letras,
pasos hundidos en arena punzante.
Enfrentarse a la mortalidad
es mi batalla.
Cuestionar los besos y el sexo
son mi desvelo.
La inconformidad se me vuelve hambre.
La infelicidad es lo que defeco.
Hay veces que claudico y me sosiego,
otras veces soy tormenta y epidemia.
La catástrofe mortífera se arremolina,
se me vuelve cotidiana con la banalidad.
Cataclismos cíclicos en mis entrañas,
fatídicas omisiones de emergencias lascivas.
Responder a los límites
me saca de las paredes.
Recargarme en las almohadas
desarman el orden.
Ahora me pongo máscaras de satisfacción.
Hoy soy una mentira bien diseñada.
Soy el enemigo de todos los hombres,
no soy aliado de sus imperios.
Soy el héroe de una leyenda de reinvención,
no me construyo de metal ni madera.
Nada me define y me confina,
una pregunta me sostiene perverso:
¿Seré adversario de mi instinto
o el villano de mi salvación?