sábado, 29 de febrero de 2020

El enemigo de todos

Ser duro y de metal oxidado
no es el fin de un drama de carne.
Ser de madera con pintura rasgada
no es una piel que ignore al tacto.
Todo es un viaje coartado,
un respiro que se ahoga en letras,
pasos hundidos en arena punzante. 

Enfrentarse a la mortalidad 
es mi batalla.
Cuestionar los besos y el sexo
son mi desvelo.
La inconformidad se me vuelve hambre.
La infelicidad es lo que defeco.  

Hay veces que claudico y me sosiego,
otras veces soy tormenta y epidemia.
La catástrofe mortífera se arremolina,
se me vuelve cotidiana con la banalidad.
Cataclismos cíclicos en mis entrañas,
fatídicas omisiones de emergencias lascivas. 

Responder a los límites
me saca de las paredes.
Recargarme en las almohadas
desarman el orden.
Ahora me pongo máscaras de satisfacción.
Hoy soy una mentira bien diseñada. 

Soy el enemigo de todos los hombres,
no soy aliado de sus imperios.
Soy el héroe de una leyenda de reinvención,
no me construyo de metal ni madera.
Nada me define y me confina,
una pregunta me sostiene perverso:
¿Seré adversario de mi instinto
o el villano de mi salvación?

Fluir

Fluir con tus párpados necios
de tus ojos inactivos
sin verme como luz ciega
en minúsculos sonidos de verde dulce.

Fluir entre cortinas desdibujadas
en rígidas paredes de maleza
como dos exploradores 
de grandes espacios huecos.

Fluir para encontrar manos tibias,
labios sanados,
orejas suaves,
olores carnales,
para nadar al interior y volar al exterior,
para vivir largo y con creces.

Fluir porque te merezco
en mis mañanas de piel fría,
mis tardes azul crayola
y mis noches de puta calentura.

Fluir entretejidos y enmarañados 
desatados y suspendidos
por las avenidas agrietadas
entre dedos húmedos.

Te quiero como el agua,
te deseo como el tiempo
en remolinos sin censura
pero con ondas de mi cuerpo
que te acaricien
te pongan de espalda 
y te lances a mi boca
a mi lengua enardecida 
para fluir sobre las gotas
para dormir con nuestros silencios.