Respiré luminosas esencias de carne
en una escena de sangre y dolor
enmarañado por mi nombre.
Triunfé sobre las piedras y las lozas
erigidas por infames dioses
que se reían de mis antepasados.
En mi serena gracia me había escondido
por un tránsito agrietado al interior
lamentándose la ausencia benévola.
Sacrificaba tiempo y castidad
dando pasos en un fétido lodazal
para volverlo un santo peregrinaje.
Volveré sagrada esta historia
cuando mis pies toquen tierra y mar
revelando una limpia fragancia.
Viene en los cantos del cielo
y reposa en mi cabello necio
para no quedarse solo conmigo.