lunes, 17 de agosto de 2020

Dudas de un hombre

¿En dónde pongo mis manos agrietadas?

La sequía de caricias las desmorona

y el polvo residual se mezcla con el sudor

por el calor de verte pasear en piel de verano

con tus oscuros senderos como selvas.


¿Qué hago con mis labios rotos?

Se han quebrado y los he vuelto a pegar

con saliva caducada, sin advertencia

que se adhirió entre besos escabrosos 

en el vigor de dos fuerzas ásperas.


¿Cómo pretendo que no llegué a ti?

Moví el tiempo, el cuerpo, las olas en mi pecho

y el deseo que se encarnó en mi vientre

para llegar a tu columna erigida de orgullo

a tu caverna donde emana el almizcle. 


¿Hasta cuándo mi lengua volverá a escurrirse? 

A retorcerse entre fluidos sedentarios

combinados en perfecta alquimia sexual

mientras se borran los residuos de pudor

y se vuelve mi mejor muestra de resistencia.


¿Y por qué sigo poniendo mis ojos al cielo?

Ya ni los pájaros me parecen libres 

muchos menos mis palabras arenosas

pegadas a mis pies, a mis piernas indomables

buscando un camino a tus muslos de piedra.


Las respuestas son plagadas de dudas

adornadas con flores de conformidad.