Tus manos saludan y no por costumbre.
De sus colores y tonos
me quedo pensando
que al que tocan, queman como lumbre
y lo hacen con inquietud
mientras van avanzando.
Trazan caminos
con sus yemas pintadas.
Rozan superficies
de cemento agrietadas.
Tus manos despiertan y no por desvelo.
Con sus dedos descubren
las vías para erigir
obeliscos que se vuelven de hierro
en el ardor de una noche
que los hace escurrir.
Acaban dormidos
en tus huellas rebeldes.
Enredan marañas
y entre las uñas se pierden
exhaustas
pero extasiadas.
Sus dorsos brillan
sus palmas se vuelven destino
para el que las alcanza
para el que marca su piel.
Tus manos se abren
y así las imagino.