He intentado incendiar tu cuerpo y tus ojos.
Le he tendido trampas con silencios a tus palabras
con las que me hablas. ¿Sabes cuáles?
La noche te sorprende con sus oscuros senderos
entre tus piernas. Luz por la mañana.
Algunas veces llegué a la cima de tu pecho
monte de bosque otoñal y espesura.
Y me perdí con su figura escabrosa y sutil
transitando un sueño de niebla. Después
llegas como si nada desde tu cómoda cama
con tus pies bañados y yo sentado
en mi devoción haciendo de espectador.
Te ríes por las tardes en aparente sintonía
de frecuencias compasivas y salvajes.
Mi odio es no separar este encanto
Vives libre y me asusta su cercanía
Aunque tenemos corto contacto
Pero te aman y no es solo uno
Te aman y serán muchos más
Yo estaré lejos
como tú cerca del mar.