lunes, 22 de enero de 2024

Un poeta

Bendiciendo mi destino
como divinidad moderna
miro adentro con mi cara
de poeta, una deidad, que crea porque cree en él

Ya sé que hay dioses débiles
con palabras mortales aparentando resistencia,
cual Sísifo. Yo creo
que han de elevarse como en sus versos,
un galimatías, frágil
poesía, un poema vacío

Despierto escucho su engaño en palabras transparentes
despierto manifiesto el rostro de la falacia voraz
con la luz y oscuridad, y el calor
del recuerdo aviva un deseo bajo las olas frías

Sobre las rocas en las orillas los poemas
surgen con el oleaje;
y me abrevio entre amargas voces, y entre salvajes
verbos impuros

Y entendí cuántos son los tiempos muertos.
Y así fui paciente por el bosque y los desiertos,
con el cálido aliento,
con la suavidad del viento,
con el novato y el experto

Como manifiesto he dicho: matar el tiempo antes que
el tiempo me mate a mí;
y escucho una voz inmaculada, aura de solitud y fe:
tú eres yo, más humano en el mundo, aquí

Y pude ver cómo sangran
cientos de azules letras,
legado de los poetas
imbuidos como mantra
¡Bendito arte!

Y en el arte
aprendí la duda silenciosa
que en las llamas sobrevive
y del árbol que reposa
y el ladrón que escribe

Y dije: los vestigios
de su locura tan solo son
escapes, lastre, basura;
los míos serán un don

Y un ángel en mis épicos pasajes de vida le ha dado luz
al día. ¡Cuánta belleza!
¡Que el presente es sagrado
vivido en su grandeza!
Desde la ineficiencia y efectividad del pasado, 
instrumento de inspiración,
en el frío invierno a mi lado
el verano es otra bendición.
Tengo memorias oscuras en el umbral que caería,
del corazón canciones en el color melancolía

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