Tito es un niño muy inquieto, le gusta
jugar con carros y espadas de madera que su papá le ha ayudado a construir, ya
que él es carpintero. A veces juega con otros niños al futbol y a las
carreritas para ver quién llega más rápido a un lugar. Tiene muchos amiguitos
con los que juega en su escuela y en el patio de su casa.
También tiene amiguitas
con las que juega, una de ellas es Mina. A ella le gusta jugar con muñecas y a
ponerse pulseras y vestidos, sobre todo si son color de rosa. A veces comparte
alguna de su ropa con otras amigas e intercambian algunos accesorios.
Pero los dos tienen un secreto que no
le han contado a nadie: los dos han pensado en jugar con los juguetes del otro,
es decir, Tito ha tenido curiosidad de jugar con las muñecas de Mina y ella ha
tenido curiosidad de jugar con los carritos y espadas de él, pero les da
vergüenza pedirlos.
Pues una vez, mientras jugaban con su
amiga Lulú y su amigo Memo en el patio de la casa de Tito, se les habían
acabado las ideas y ya no sabían a qué otra cosa jugar:
-¿Qué hacemos? -preguntó Lulú.
-Yo también ya quiero jugar algo
divertido. –contestó Memo con enfado.
-¡Ya sé!- dijo Tito. -¡Juguemos al
castillo! Vamos a jugar a que me salvan de un dragón muy grande que me quiere comer.
-¡Buena idea! -dijo Mina. -¡Yo quiero
ser la que te rescata! ¿Me puedes prestar una de tus espadas?
Memo y Lulú estaban confundidos.
Creían que los niños no debían de ser rescatados y que las niñas no debían de
jugar con espadas, pero como no tenían otra idea decidieron jugar al castillo
de esa manera y sin problemas. Mina tuvo otra gran idea:
-¡Tito, te presto una de mis muñecas!
Has como que es tu hija y el dragón los ha raptado para comérselos.
Rápidamente, le entregó una de sus
muñecas favoritas y Tito pensó que no debía de hacerlo, sin embargo, ella le había pedido prestada
una de sus espadas, así que lo más justo era que ella compartiera también su
muñeca con él. Tito tomó la muñeca de Mina y corrió a lo más alto de una
resbaladilla:
-¡Seré el príncipe Tito! -gritó con
mucho orgullo. -¡Necesito que me ayuden a rescatarnos!
Mina también corrió lejos con la
espada de Tito en sus manos hacia el lado contrario.
-¿Nosotros qué haremos? -preguntó
Memo.
-Vamos a ser el dragón, un dragón de
dos cabezas. -contestó Lulú.
-¡Sí! Con una cabeza de niño y una de
niña. -dijo Mina con risas.
De inmediato, Lulú y Memo se abrazaron
con un solo brazo una al lado del otro y comenzaron juntos a gruñir como un
furioso dragón. Mina se autoproclamó la vencedora y se fue a la carga contra el
monstruo de dos cabezas. Peleó con fuerza, pero él se defendía y atacaba a la
valiente guerrera que iba a salvar al príncipe Tito, mientras él gritaba:
-¡Ayuda! Mi hija y yo estamos en
peligro. -Mientras, abrazaba a la muñeca con mucho cariño -No tengas miedo,
hija mía. La valiente guerrera nos salvará.
De repente, el papá de Tito salió de
la casa preocupado, creía que su hijo estaba en verdadero peligro al escuchar
sus gritos:
-¿Qué pasa? ¿Están todos bien? ¿Estás
bien, hijo?
-Sí, papá. Estamos jugando al
castillo, Mina va a rescatarme a mí y a mi hija. -contestó mostrando con
orgullo la muñeca en sus manos. -Nos salvará del dragón de dos cabezas.
-Señor, ¿cree que pueda hacerme una
espada como esta que me prestó Tito? -preguntó Mina. -Quisiera tener mi propia
espada.
-Claro que sí, Mina. Con mucho gusto
te haré una espada como la de Tito.
-¿Y la puede pintar de rosa?
-Pues... no veo por qué no. Pintaré de
rosa tu espada.
-¿Puedes pintar mi espada de rosa
también, papá? -preguntó Tito.
-Sí, hijo. Sin ningún problema, tu
espada también será rosa. Hoy por la tarde trabajaré en sus espadas.
Las niñas y los niños siguieron
jugando al castillo, hasta que por fin la valiente Mina salvó al príncipe Tito
y a su hija del dragón de dos cabezas.
Al día siguiente, Mina fue a visitar a
Tito para ver si ya estaba lista su espada. No sólo estaba lista la suya,
también la de Tito lucía ya con un brillante y hermoso color rosa. Ambos dieron
las gracias y muy contentos alzaron juntos sus espadas. Era momento de pensar a
qué aventuras jugarían juntos.