martes, 29 de diciembre de 2015

Punto perfecto

Le doy vuelta entre mis dedos
a tus pausas
a tu silencio.

Le doy vuelta
a una risa muda
a tus parpadeos.

Me aproximo con mesura
para no blandear mi voluntad
con la opresión en mi boca
sin palabra que logre escapar
y revele las intenciones
de este curioso paladar.

Es que eres sigiloso
embebido de divina belleza
del almíbar en tus ojos
cauteloso como cazador.

Puedo perseguir tu olor
como el aroma de tu desaparición
y si me acerco a ti
cada milímetro es un espacio
un tiempo sin atracción

Puedo descifrar tus pretensiones
mi mortal existencia jamás les alcanzará
hasta lograr verme como semidiós errante
para ser poeta de tus días
en una metáfora de inmortalidad.

Pero vuelvo a darle vuelta a tus pausas
a tu silencio
a una risa muda
a tus parpadeos
vuelvo a darle vuelta a tu mirada
para contarle lo que pasa
con mi respiración.

Ya llegará el momento
ese tiempo
 ese punto perfecto
sin cambiar.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Humor sexista: hacer chistes de hombres y mujeres.

Afortunadamente, el tema del género se abre cada vez más y se debate de manera que nos ha llevado a una reflexión individual y social sobre cómo ejercemos nuestra identidad. Lo hemos visto en medios de comunicación y mucho más en redes sociales. Desafortunadamente, no siempre se ha hecho una reflexión apropiada, sobre todo cuando de por medio se usa el recurso del chiste y el humor. Parece inofensivo, pero la realidad es que hacer uso de éste puede traer diversos efectos que muchas veces pasan desapercibidos por su invisibilidad volviéndolo tolerable y pasable, es decir, no tomándolo tan en serio y permitiendo que se sigan perpetuando estereotipos de ser hombre y mujer, lo cual viene a darle en la torre a una construcción más diversa y equitativa por la que muchos trabajamos y promovemos en nuestras vidas.

Pirámide de la violencia de género. 
Dentro de las formas invisibles y sutiles se encuentra el humor sexista. 

El humor sexista se encuentra en una de las bases de las formas sutiles de actitudes o conductas machistas invisibles con respecto al ejercicio del género. Dentro de éstas se encuentran otra serie de actitudes que de igual manera se justifican desde la idea del “no es para tanto” o de juzgar algo desde el “qué exagerado”, de forma que el humor o los chistes en los que se habla de que los hombres son de una manera y las mujeres de otra, no se cuestionan ni confrontan. Esto es común en la publicidad y en el arte principalmente, y es este tipo de situaciones las que perpetúan y encasillan el ejercicio del género, lo empobrecen y lo reducen. Hay diferentes tipos de humor, y algo en lo que tenemos que estar de acuerdo es que a veces un tipo de humor o comedia no es para todos, puede ser aceptable o reprobable.

El humor sexista suele comparar y exagerar aspectos 
de lo que social y culturalmente se espera de hombres y mujeres, 
poniendolas a ellas como personas complicadas, difíciles y controladoras.

La cosa es cuando este tipo de humor se vuelve tolerable, provoca que haya una confrontación de los roles y se convierte en una pelea o “guerra de sexos” en la que los estereotipos son los protagonistas. Lo vemos sobre todo en medios de comunicación, incluyendo las redes sociales: programas de T.V., imágenes, videos, fotografías, entre otros medios visuales son los que actualmente llevan este mensaje de cómo deben de ser los hombres y las mujeres. A mí lo que me atañe como promotor y creador de espacios de reflexión sobre las masculinidades son los hombres, y por eso me preocupa cómo me sigo topando con un humor que saca provecho de las ventajas de la identidad masculina apegada al ser caballero o un varón ejemplar, simple y práctico, o lo contrario, un mujeriego sexópata, flojo, torpe y abusón, realzando estas cualidades. La guerra de sexos provoca una lucha de poder absurda que no lleva a ninguna parte sólo por hacer valer un punto de vista que se considera real, pues los y las participantes lo que promueven es desde sus creencias y aprendizajes hablar de un estilo definido de comportamientos aceptables e inaceptables, y eso es lo sexista de este asunto. La guerra de sexos no es el análisis funcional para una introspección efectiva sobre lo que hombres y mujeres desde su identidad están haciendo bien o mal, porque justifica algunos comportamientos desde “pues es que es hombre” o “es que así son las mujeres” y los pone en juego. Es un error decir que “así somos y así vivimos”, atenta contra la individualidad y la diversidad.

Pudiera ofender o pudiera causar gracia y empatía al final de su discurso
El mensaje inicial es el recurso humorístico que muchos pudieran tomar como algo verdadero y acertado.

Cualquier tipo de humor, incluso el homofóbico o el racista, aquel que nos ponga en una posición de superioridad intelectual o de clase es un ejercicio de poder mal planteado porque es un abuso de éste y con eso, un tipo de violencia. La reflexión del género no requiere de chistes o risas fáciles por temerle a ser serios, pero tampoco requiere de tratarlo con intelectualidad solemne. A la intelectualidad hay que hacerla reír, y a los que lo ven como un chiste que lo intelectualicen. La intelectualidad cansa pero es necesaria, y hacerlo cómico desgasta y degrada.  Si la broma o el chiste no están bien fundamentados y sólo están basados en los aprendizajes tradicionales o estereotipos del género, ya valió. Repito, no se trata de hacer serio el asunto, pero sí de tomárselo en serio. Si queremos construir, requiere de una reeducación  y renuncia de los aprendizajes de lo que define al género masculino y femenino, de redefinir nuestra identidad.


La comedia "stand up" es un tipo de comedia que suele utilizar los recursos 
de las etiquetas y estereotipos para causar risas y la simpatía del publico. 

Señoras y señores, el humor sexista es un tipo de humor más como los hay muchos. Como lo dije en un párrafo anterior: un tipo de humor no es para todos, y éste en lo personal me parece que es un sentido del humor poco creativo y que hace ganarse fácilmente la simpatía de quienes siguen creyendo que “así son las damas y los caballeros”, quizás porque para muchas personas es mejor reírse y ganarse la simpatía de otros que pensar y tratar de educar a los demás si lo requieren y lo permiten.  Prefiero ver videos de gatos correteando luces laser, y no... no me gustan los gatos. 

martes, 20 de octubre de 2015

Notre nom

No se trata de lo que haya sucedido
ni las palabras que se callaron
o el silencio que conozco como ruido.
No son tus labios que se cruzaron conmigo
transitando por mi boca
como tu nombre que se parece al mío.

No es el sonido de lo que no dijimos,
ni la manera de estremecer tus sentidos
con mis dedos, mis miradas, mis gestos;
la necia inercia de haber coincidido.

No fue tu repentina aparición
que elevando un ancla tomó una dirección.
Tampoco tus sutiles arrebatos
que me perdían y me mantenían confundido.

Nada de eso fue, ni los minutos perdidos,
ni las lágrimas que se encerraron
o el tiempo en un momento distinguido.
Son estas ilusiones que me llevaron contigo
luchando por no caer,
como mi nombre que ha renacido.

martes, 29 de septiembre de 2015

El príncipe Tito y la valiente Mina.

Tito es un niño muy inquieto, le gusta jugar con carros y espadas de madera que su papá le ha ayudado a construir, ya que él es carpintero. A veces juega con otros niños al futbol y a las carreritas para ver quién llega más rápido a un lugar. Tiene muchos amiguitos con los que juega en su escuela y en el patio de su casa.

También tiene amiguitas con las que juega, una de ellas es Mina. A ella le gusta jugar con muñecas y a ponerse pulseras y vestidos, sobre todo si son color de rosa. A veces comparte alguna de su ropa con otras amigas e intercambian algunos accesorios.
Pero los dos tienen un secreto que no le han contado a nadie: los dos han pensado en jugar con los juguetes del otro, es decir, Tito ha tenido curiosidad de jugar con las muñecas de Mina y ella ha tenido curiosidad de jugar con los carritos y espadas de él, pero les da vergüenza pedirlos.

Pues una vez, mientras jugaban con su amiga Lulú y su amigo Memo en el patio de la casa de Tito, se les habían acabado las ideas y ya no sabían a qué otra cosa jugar:

-¿Qué hacemos? -preguntó Lulú.

-Yo también ya quiero jugar algo divertido. –contestó Memo con enfado.

-¡Ya sé!- dijo Tito. -¡Juguemos al castillo! Vamos a jugar a que me salvan de un dragón muy grande que me quiere comer.  

-¡Buena idea! -dijo Mina. -¡Yo quiero ser la que te rescata! ¿Me puedes prestar una de tus espadas?

Memo y Lulú estaban confundidos. Creían que los niños no debían de ser rescatados y que las niñas no debían de jugar con espadas, pero como no tenían otra idea decidieron jugar al castillo de esa manera y sin problemas. Mina tuvo otra gran idea:

-¡Tito, te presto una de mis muñecas! Has como que es tu hija y el dragón los ha raptado para comérselos.

Rápidamente, le entregó una de sus muñecas favoritas y Tito pensó que no debía de hacerlo,  sin embargo, ella le había pedido prestada una de sus espadas, así que lo más justo era que ella compartiera también su muñeca con él. Tito tomó la muñeca de Mina y corrió a lo más alto de una resbaladilla:

-¡Seré el príncipe Tito! -gritó con mucho orgullo. -¡Necesito que me ayuden a rescatarnos!
Mina también corrió lejos con la espada de Tito en sus manos hacia el lado contrario.

-¿Nosotros qué haremos? -preguntó Memo.

-Vamos a ser el dragón, un dragón de dos cabezas. -contestó Lulú.

-¡Sí! Con una cabeza de niño y una de niña. -dijo Mina con risas.

De inmediato, Lulú y Memo se abrazaron con un solo brazo una al lado del otro y comenzaron juntos a gruñir como un furioso dragón. Mina se autoproclamó la vencedora y se fue a la carga contra el monstruo de dos cabezas. Peleó con fuerza, pero él se defendía y atacaba a la valiente guerrera que iba a salvar al príncipe Tito, mientras él gritaba:

-¡Ayuda! Mi hija y yo estamos en peligro. -Mientras, abrazaba a la muñeca con mucho cariño -No tengas miedo, hija mía. La valiente guerrera nos salvará.

De repente, el papá de Tito salió de la casa preocupado, creía que su hijo estaba en verdadero peligro al escuchar sus gritos:

-¿Qué pasa? ¿Están todos bien? ¿Estás bien, hijo?

-Sí, papá. Estamos jugando al castillo, Mina va a rescatarme a mí y a mi hija. -contestó mostrando con orgullo la muñeca en sus manos. -Nos salvará del dragón de dos cabezas.

-Señor, ¿cree que pueda hacerme una espada como esta que me prestó Tito? -preguntó Mina. -Quisiera tener mi propia espada.

-Claro que sí, Mina. Con mucho gusto te haré una espada como la de Tito.

-¿Y la puede pintar de rosa?

-Pues... no veo por qué no. Pintaré de rosa tu espada.

-¿Puedes pintar mi espada de rosa también, papá? -preguntó Tito.

-Sí, hijo. Sin ningún problema, tu espada también será rosa. Hoy por la tarde trabajaré en sus espadas.

Las niñas y los niños siguieron jugando al castillo, hasta que por fin la valiente Mina salvó al príncipe Tito y a su hija del dragón de dos cabezas.

Al día siguiente, Mina fue a visitar a Tito para ver si ya estaba lista su espada. No sólo estaba lista la suya, también la de Tito lucía ya con un brillante y hermoso color rosa. Ambos dieron las gracias y muy contentos alzaron juntos sus espadas. Era momento de pensar a qué aventuras jugarían juntos.


martes, 15 de septiembre de 2015

¿Y qué pasa si muero?

Hace poco más de 5 años estuve en una situación muy delicada, las decisiones que tomé en mis anteriores vidas me llevaron a un momento en que casi pierdo la vida física. No recuerdo nada de él, mi afección fue tan grave que dejé de tener memoria de esos momentos. Todo se volvió una negra laguna fantasma, de la cual salí sólo para darme cuenta que ya no podía mover mis piernas. Después, todo se volvió sanación física, para luego volverse espiritual y emocional.

Muchas veces, desde entonces, me ha dado vueltas esta pregunta: ¿y qué hubiera pasado si me hubiera muerto? ¿Habrán llorado por mí? ¿Cómo sería mi funeral? ¿Quién habrá asistido? Muchas veces desde que salí de ese momento, ha habido personas que ya no me acompañaron como cuando podía caminar, como cuando podía ir a sus lugares y pasar un rato juntos. ¿Ellos también hubieran llorado? ¿Y después qué?

¿Qué se hace cuando alguien muere? Supongo que se habla de él, supongo que se hubiera hablado de mí. Supongo que hubieran lamentado la forma tan lamentable en que hubiera muerto. También imagino que se habrían quedado con una buena impresión de mi persona a pesar de los secretos que me hubiera llevado. O quizás no,  pues dicen que cuando uno muere no se lleva nada, pero dejas muchas cosas.

Hablando de esas cosas que hubiera dejado, a veces reviso minuciosamente mi cuarto de más, pues es demasiado el tiempo que paso en él. Miro mi ropa y pienso ¿qué harían con ella? ¿Se regala? ¿Se tira o se dona? O quizás, creo lo peor, la conservarían. Y mis libros, ¿quién leería mis libros? Parece que a nadie le gusta Paulo Coelho, ni las novelas clásicas. Tampoco creo que las lecturas de psicología les parezcan muy atractivas. ¿Mis discos? Mi música habla tanto de mí, pero es tan diversa y tan popular que quizás también por eso se quedarían en mi mueble donde obsesivamente los tengo acomodados por un orden que sólo yo he de comprender. Mis videojuegos hubieran sido un buen legado, todas esas historias y aventuras vividas las jugarían otras personas, si es que se hubieran puesto en venta o de regalo. Insisto que conservar no es buena idea. También pienso en mis poemas hasta aquel entonces escritos, en las letras de canciones y otros secretos que escribí. Nadie los hubiera leído o sabido de su existencia.

¿Qué pasa con todas las pertenencias de alguien que muere? No lo sé. Lo que sé es que la muerte es una transformación, y es física o también metafísica. Algo en mí se murió hace poco más de 5 años, y así fueron muriendo otras cosas. Pero también, han nacido muchas más, y otras más han renacido. Ahora que llueve, me refleja las intenciones de que existen ciclos en la eternidad. Seamos eternos.

miércoles, 24 de junio de 2015

Distante y discreto

Fuiste ficción escrita entre muros,
fuimos cómplices de este cuento;
perfectos ladrillos acomodados por temor
culminando en nada por su frágil cimiento.

Fuiste aquel que quise soltarle cadenas
provocando el prohibido momento,
detenido por los navegantes de mi sangre;
convertido en efímero amante.

Distante.

Fui convergiendo el tiempo y los puentes
para acabar en un breve encuentro
y en un minuto crucé tu extensión
guardando con celo el secreto.

Discreto.

Fuimos el pecado inventado en las noches,
la exagerada posición de nuestros cuerpos.
Se acabaron los sueños murmurados,
han quedado en el pasado,
han quedado atrás.

No será conmigo,
será con alguien más.

jueves, 21 de mayo de 2015

El sexismo vende (y a los hombres nos carga)

Recientemente he puesto más y más atención en la manera en que somos bombardeados por muchas partes con mensajes y modelos que van propiciando una determinada forma de expresarnos desde el género que hemos elegido representar o interpretar en nuestra vida (creo que el género no es más que un “performance” de un guión que nos han dado a interpretar con todos estos aprendizajes, modelos y mensajes... pero bueno, eso será un tema para otra ocasión) y esta vez quiero hacer énfasis en la publicidad y la mercadotecnia.

Quiero compartir mi reciente experiencia con la empresa Procter & Gamble y su publicidad para su papel higiénico Charmin. Últimamente rondan unos anuncios en los que se juega con roles de lo que es ser hombre y mujer en donde una pareja argumenta y discute para lograr un acuerdo, en la que finalmente es la mujer, en esta simple y común manera de encasillarlas como que ejercen un poder manipulativo hacia los hombres y del cual el humor sexista se vale y se justifica, quien termina por “ganar la batalla”. Cuando el personaje masculino no tiene otra alternativa que ceder ante este poder que el personaje femenino ejerce sobre él, entra en acción el centro de toda esta publicidad: el cuate se va al baño a cagar con su papel, donde ahí, él es rey. Así es, la publicidad de Charmin gira alrededor de que los hombres son “el rey del trono”, o sea, ahí es cuando él “tiene el poder” y “gana la batalla”. El sexismo que quiero hacer notar es aquel que va dirigido a la imagen masculina: un hombre que tiene que ceder ante el poder que su esposa ejerce sobre él para no empeorar la situación, y que recupera cuando él se va a esa zona de confort que es el momento en que va al sanitario, y al cual “todos los hombres” recurren.  Lo curioso es cómo también en esta imagen de hombre que proyectan, hacen ver que los hombres necesitan del poder y no verse menos poderosos que las mujeres, aunque sea cuando van a cagar. En fin que se me cruzó una imagen de su publicidad en mis notificaciones de Facebook y se me ocurrió hacerles una simple pregunta, que fue respondida de la manera que esperaba: con un mensaje acorde a su publicidad. Pero lo que no esperaba es que me dedicaran una respuesta especial y con dedicatoria, a través de un video que tiene por protagonista a su mascota, el oso Charmin:

En el video, el osito dice: "nononono, en el trono sólo hay un rey, 
porque en el resto de la casa, las reinas son ellas‏". Que no mame. 
De paso trata de poner a las mujeres como "las reinas de la casa". 

Tiempo atrás, había hecho la denuncia de que otra empresa, la cervecera Cuauhtémoc Moctezuma y su Tecate, hacía uso del humor sexista con su infame publicidad y frase de “te hace falta ver más box” popularizada gracias a la aparición del mismísimo actor que interpretó a Rocky Balboa. Una vez más, el sexismo y su humor poniendo límites al género masculino de cómo cumplir expectativas para ser un “hombre de verdad”.  Lo interesante como siempre es ver la opinión educada e inteligente del usuario promedio haciendo comentarios de estos anuncios, que se resume en una frase: “¡A HUEVO! ¡ASI SON LOS HOMBRES, NO MARICAS!” Ajá, básicamente en eso giran los comentarios. Punto para la sociedad y cultura heteropatriarcal. Es fascinante (y a la vez increíble) cómo justifican estos modelos desde la defensa de los roles tradicionales y expectativas de género.

Sí, así es como debemos de ser los hombres. 
Si Stallone lo dice, es que así debe de ser.
  
Y de eso se vale este tipo de publicidad, del conocimiento y percepción que tiene la mayoría de la gente sobre lo que los hombres y las mujeres hacen o deben de hacer, por lo que el consumidor queda completamente atrapado por sus creencias y justifica la divulgación de estos mensajes, dándole más fuerza a estos modelos tradicionales, y por lo tanto, dándole más poder a la cultura que nos divide y fomenta una guerra de sexos, la misma de la que parte la publicidad del papel higiénico.  Pero no todos los hombres creemos eso, no todos los hombres nos queremos sentir “los reyes” ni tampoco creemos que “nos hace falta ver más box”.  Es fácil caer en la trampa de la guerra de los sexos y ser partícipe de ella, sin embargo, estoy convencido de que hay mayor número de conciencias que cada vez más cuestionan estos roles y no aceptan este tipo de mensajes que nos encasillan y nos atrapan a muchos hombres y mujeres en una caja o molde que nos es incomoda y que nos resistimos a aceptar y ser parte de ella. 

El sexismo en la publicidad no sólo moldea la imagen y los roles femeninos, también lo hace con nosotros los hombres, pero pocos son los que se atreven a señalarla y cuestionarla desde nuestra perspectiva, y no desde apuntalar los roles del género contrario. Creo que es nuestra responsabilidad señalarlos porque esa inconformidad le puede dar una dirección distinta a cómo nos percibimos y vivimos como hombres y mujeres, como personas. Buscamos y queremos relaciones que vayan más allá de simples modelos cotidianos, y para eso, tenemos que reeducarnos y señalar estos mensajes como contraproducentes a esta misión. El tema de la publicidad y el sexismo da mucho de qué hablar, pero en esta ocasión, sólo quiero decirle a estas dos empresas que no chinguen, y que si quieren vender, se busquen una manera más responsable y creativa que haciendo uso de un recurso tan fácil, predecible y cómodo como el sexismo y la guerra de sexos. 

martes, 24 de marzo de 2015

El afecto coartado entre hombres

¿Qué papel tiene la sociedad y cultura heteropatriarcal en la manera en que los hombres demostramos nuestro afecto? O dicho de otra forma, ¿de qué manera nos vienen a fregar diciéndonos cómo debemos comportarnos por tener pene y testículos? Esta pregunta me la he hecho muchas veces, sobre todo cada vez que veo o atiendo a hombres que no se han dado cuenta de cómo los condicionamientos del género nos limitan y nos restringen en nuestra manera de expresar nuestras emociones y pensamientos. Todas esas cosas que nos dicen como “esto no lo hagas, no es de hombres”, “te ves gay si lo haces”, “las mujeres son sentimentales, por lo tanto, tú no lo seas”, entre otros prejuicios y creencias con respecto al género, nos van quitando oportunidades y permisos de dejarnos expresar plenamente. El mensaje por lo general de todas estas frases es represor. Pero hay que reconocer que los hombres sí sentimos afecto, que no es exclusivo del género femenino, y que esto no nos convierte en menos hombres ni nos homosexualiza. Incluso, muchos hombres con identidad homosexual tienen dificultad para expresar sus emociones porque igual, fueron condicionados en la medida en que se identifican con el género masculino y qué es lo que toman de esta identidad.


Hombres y mujeres tenemos igual capacidad de sentir afecto y de mostrarlo, 
pero el efecto represor nos va limitando a los varones desde temprana infancia.

Recientemente en mi práctica profesional tuve la oportunidad de atender a un papá en uno de los grupos de padres de familia con los que trabajo que fue referido por la escuela secundaria a la que asiste su hija porque se había estado enviando cartas con otra chica. En esas cartas, se decían cosas en las que se demostraban o decían el afecto que sentían una por otra, cosas que ciertas autoridades escolares vieron como “mal” porque las niñas estaban teniendo una “conducta lésbica”. Así es, autoridades educativas consideraron que las chicas eran lesbianas por la manera en que se estaban expresando su afecto a través de cartitas. Al abrirse este tema en el grupo, otros padres y madres asistentes comentaron que quienes tenían hijas habían descubierto que también solían tener esta demostración de afecto entre ellas, lo cual calmó al papá al darse cuenta que era común y lo hizo reflexionar sobre la equivocada reacción por parte de la escuela. Y es cierto, es común que entre las chicas exista esta demostración de afecto en la que no existe el miedo o temor de que las vean como lesbianas (aunque aquí hay una excepción, como suele haberlas), no hay tanto problema con que las mujeres se digan lo importante que es la amistad de una para la otra, incluso a través del contacto físico. Pero para un hombre, está más canijo. Imaginemos que sean hombres los que se mandan cartitas, ¿qué es lo primero que pensaría la mayoría de la gente? Algo así como “esos son jotos”, “eso no lo hacen los hombres”, “han de estar confundidos”. Estos pensamientos que pongo como ejemplo y como posible respuesta ante esta situación son el resultado de ese condicionamiento heteropatriarcal que reprime las demostraciones de afecto entre los hombres. Y yo digo, ¿cómo sería que los chicos se demostraran afecto más allá de estos condicionamientos que dicen que sólo las chicas tienen permiso de mandarse cartitas?

El afecto entre chicas es más permitido y menos cuestionado

Insisto en que los hombres también sentimos afecto por otros hombres, el problema está en que no lo demostramos o en la manera en que lo demostramos. A ese camarada, a ese compadre, a ese homie, a ese carnal, a ese gran amigo, por lo general si le queremos decir lo mucho que lo queremos, que nos importa, que queremos lo mejor para él le decimos “eres un pendejo”. Y no lo señalo como algo negativo, lo menciono para demostrar que estamos educados para no demostrar afecto o para hacerlo de manera agresiva. Es también, parte de una identidad como hombre, pero no de ser hombre. El error está en pensar o creer que todos los hombres debemos de demostrar el afecto a través de frases como esta y limitarlo a esta forma. Los hombres también podemos y deberíamos darnos el permiso de demostrar el afecto con contacto físico, con frases más suaves y diciendo un “te quiero” de vez en cuando, y si es sin un “pendejo” o “güey” al final de la frase, mucho mejor. Para los hombres afectados por las normas tradicionales de lo que debe de ser un hombre no hay lugar para demostrar amor o afecto a otro hombre, lo que hay es un temor debajo de todo esto a no verse suficientemente hombre y a ser percibido como débil. Si nos empoderamos lo suficiente para demostrar y expresar el amor con mayor autenticidad estaremos contribuyendo a construir una masculinidad más madura deshaciéndonos del miedo y la vergüenza que nos ha retenido.

Cada vez más niños demuestran su afecto de manera pública 
sin que esto conlleve prejuicios.


También tenemos que desarraigar la homofobia, la expresión más tóxica y común de las relaciones entre hombres, el miedo erróneo a “verse gay” que nos impide expresar nuestra suavidad que también vive en nosotros pero que aprendimos a guardar y no mostrar, la misma que hace que el contacto físico esté limitado y también condicionado a abrazos con palmadas o golpetazos, en vez de que sea un abrazo más auténtico y sincero que nos acerque físicamente y sin miedo a encontrarnos con el paquete del otro. Los hombres tenemos mucha chamba para cambiar esas ideas y pensamientos que no nos dejan vivir la vida con libertad expresándonos plenamente como somos y es responsabilidad de quienes sí queremos esto en nuestras vidas de mostrarlo, enseñarlo y cambiarlo. Creo que iré pensando a cuántos de mis amigos les haré una cartita...

lunes, 16 de febrero de 2015

Creciendo con videojuegos

Cada vez me doy más cuenta de lo rápido que transcurre el tiempo y más cuando volteo a ver a los más pequeños que yo crecer y madurar. A veces volteo a ver mi infancia y mi adolescencia y muchos de esos momentos parecen que pasaron hace poco, pero cuando saco cuentas, me impresiona ver que han sido muchos años los que han transcurrido. Una de las cosas que más me conectan con el tiempo transcurrido es uno de los hobbies que más disfruto y comparto con varias personas: los videojuegos. Cuando era niño, crecí jugando la NES (o el Nintendo, como más lo conocen) con vecinos y mis primos. Confieso que recientemente adquirí un juego de título “NES Remix” donde vienen pequeñas misiones de juegos de antaño, entre ellas las de un juego que se llama Punch-Out. Pasó algo muy curioso cuando me tuve que enfrentar a esas misiones, porque me removió mi infancia, no sólo por la nostalgia, sino que cuando lo jugaban mis primos, ellos eran muy buenos jugándolo y yo no podía con los controles, no los comprendía. Entonces cuando empecé en la actualidad a tener que enfrentar estas misiones en NES Remix, las voces de “no eres tan bueno”, “ellos sí saben, tú no” y “no lo vas a lograr” se empezaban a escuchar otra vez como cuando tenía 8 o 9 años y no podía con las misiones. Así que le hablé a mi Israel niño desde el Israel adulto, y le decía “tú puedes”, “eres bueno”, “tú sabes”, y logré conquistar las misiones. En mis conceptos terapéuticos, cerré esa Gestalt.

El primer personaje a vencer en "Punch-Out", Glass Joe. El más fácil de vencer... y yo no podía vencerlo.  

Pero no sólo compartí esta actividad con mis primos y vecinos, lo hice también con mi hermana menor con quien nos divertíamos muchas horas con juegos para la NES y la SNES (o el Super Nintendo, como más le conocen). También lo hice con vecinos y amigos de la primaria, secundaria, preparatoria y hasta la universidad, así tuve contacto con algunos juegos y consolas por primera vez y encontraba una manera de convivir y compartir algo que nos hacía platicar y convivir de manera yo digo, sana. En tiempos de universidad y post-universidad, es decir, de pasar a ser de la Población Económicamente Activa, esto se volvió más una cosa en solitario y eventualmente, lo fui dejando de lado. Esas voces volvieron a hablar y decían “ya eres un adulto”, “eso es para niños”, “deberías de hacer otras cosas y no perder tu tiempo así”. Ahí fue al revés, el Israel niño le habló al Israel adulto y le dijo “acuérdate que es divertido”, “acuérdate que te emocionaba”, “acuérdate que te hacía sentir bien”. Me di permiso, y entonces así retomé hace poco más de 3 años el hobbie, lo reactivé, y lo he vuelto a disfrutar. El proceso de volverlo a integrar en mi vida me ha hecho darme cuenta que hay muchos, muchísimos adultos que siguen jugando y emocionándose con esta actividad tan particular, llena de arte y creatividad. Y es que somos nosotros, los adultos de esta época, aquellos niños que crecieron jugando y emocionándose, y que siguen creciendo llenándose de experiencias a través de seguir jugando.

Publicidad para "The Legend of Zelda: Skyward Sword", un juego de una de mis series favoritas. En él se muestra a un niño creciendo con estos juegos, y al final, lo comparte con su hijo.

Una de las cosas más emocionantes es que ahora no sólo jugamos entre amigos, sino que ahora muchos de ellos juegan con sus hijos y los hijos juegan con los amigos del papá o la mamá. Es algo que cuando nosotros éramos niños y adolescentes jamás nos llegamos a imaginar que fuera a suceder. Nunca pensamos en nuestros trips gamers “Oye, güey. ¿Te imaginas cuando seas grande cómo será jugar con tus hijos? Ha de ser bien loco” ¡No! Jamás lo llegamos a considerar posible, y ahora es lo que está pasando. Volviendo al punto inicial, ahí es cuando me doy cuenta que el tiempo pasa muy rápido. Estos niños ahora tienen la edad que nosotros teníamos cuando empezábamos a jugar, y hace que la experiencia de jugar sea más significativa. Me gusta ser un adulto que juega videojuegos, me gusta compartirlo con mis amigos y amigas que también lo disfrutan, me gusta compartirlo con sus hijos porque sé que es una forma de convivir, de apreciación, de ser competitivo de una manera saludable. Me gusta no clavarme ni fanatizarme con esto que aprecio, me hace divertirme y hasta llegar a tener introspecciones como esta misma que estoy poniendo en palabras. Pero sobre todo, me encanta que es parte de un lenguaje que pocos sabemos hablar y que cuando lo compartimos, nos sumerge en una especie de complicidad, parecido a aquellos que aprecian el futbol, los libros, u otras cosas a las que nos podemos volver aficionados, sin apasionarnos. Entiendo y soy responsable de lo que conlleva en cuanto a lo mercadológico, y eso también me gusta, pero eso es tema para otro día.

lunes, 2 de febrero de 2015

El asunto de las barbas y la masculinidad

Parece que de la nada, una ola de hombres barbados ha comenzado a hacerse notar por las calles y los lugares que frecuentamos. Algunas personas culpan a la moda ‘hipster’ como la causante de que algunos hombres empiecen a dejarse crecer la barba porque ahora, empieza a normalizarse su uso. Antes no pasaba esto, debido a que las normas de la imagen masculina no aprobaban su uso por considerarse de mal gusto, poca higiene y de hombres que no cuidan de su aspecto. Ahora esto ha cambiado, como me parece que ha cambiado eventualmente el hacerse y mostrar tatuajes; mucha gente cada vez se tatúa más y deja ver sus tatuajes, sin que esto haga pensar que la persona sea un ex-convicto, drogadicto, rebelde o que “está mal que se rayen” (aunque mucha gente lo siga pensando). La barba se ha vuelto un accesorio que exalta el aspecto masculino de los hombres que la usan, y como tal, se ha vuelto un símbolo de poder y estatus. Eso pasaba hace décadas también cuando su uso era normal y lo vimos en los libros de historia.

Barbas del Siglo XIX portadas por presidentes norteamericanos

Más allá de si se trata o no solamente de una moda, esto me lleva a hacer un análisis desde la perspectiva de las masculinidades. Parece que muchos de los hombres que han decidido dejarse la barba la usan para realzar, aclarar y mostrar su masculinidad. Si tomamos en cuenta que la masculinidad como estereotipo es dominante y competitiva, el uso de la barba es el pretexto para hacer notar estas cualidades, que se pueden salir de control. Menciono esto porque como símbolo de estatus y poder, algunos hombres se sienten o creen “más hombres” por usar barba, ejerciendo algún tipo de opresión hacía aquellos que no dejan crecer o simplemente, no les crece o les crece escasa la barba.

Really?

Y no basta con dejársela crecer, sino que entre más grande y/o larga sea tu barba, “más hombre” te vuelves. Una vez más, el pensamiento falocrático: entre más grande, mejor. ¿Por qué? Porque se percibe como más poderoso. ¿Y qué pasa con los que no la usan o no les crece? Esta sociedad patriarcal de la que los hombres también somos parte, hace que esto provoque que algunos hombres se sientan “menos hombres”, porque nos ha enseñado a constantemente demostrar que tan hombres somos a pesar de cómo nos lleguemos a sentir, no sólo desde el uso de barba y/o bigote, también desde los modelos masculinos basados en cuerpos grandes, musculares, atléticos e hipermasculinizados, contando la presencia de vello corporal. Creer que un hombre con estas características es “más hombre” es un comportamiento que pone en desventaja a quienes no presentan estas características. Me parece que esto es una forma de sexismo principalmente de los hombres hacía otros hombres.

You don't say...

Personalmente, hace más de 6 años decidí dejármela crecer después de un trabajo de terapia en el que me encontré identificado con los hombres de mi familia: mi padre y mis tíos. Ellos desde finales de los 60’s empezaban a usarla en la moda de Los Beatles y de los años posteriores a esta década. He decidido usarla con el aspecto actual desde más de un año porque precisamente, se ha normalizado su uso. Mi decisión de usarla se debe a los hombres de mi familia, y en esa conciencia, agradezco que esos hombres me enseñaron a ser el hombre que soy ahora.

Mi padre y yo de bebé

La barba no es más que un accesorio, el cual se usará con el efecto que cada quien elija. Parece inofensivo, pero conlleva una responsabilidad portarla, haciéndolo con respeto y humildad. Además, la belleza y la atracción no sólo está en una barba, el bigote, los músculos o la complexión de un cuerpo, está también en los valores que cada hombre demuestra sin miedo al prejuicio o la crítica. Dicho en otras palabras, si usas barba y por eso te crees más, ya te chingaste. 

martes, 27 de enero de 2015

Para un amigo

Amigo mío,
a veces me vienen las ganas
y no sé dónde ponerlas.
A veces me vienen palabras
y otras veces tormentas.

Amigo mío,
tengo guardadas mis manos,
miradas discretas;
tengo ilusiones cegadas
por una visión perversa.

Te pido un minuto,
para quitarte la ropa,
quitarte los miedos
y muy despacio
desnudar tus secretos
despojarte de complejos.

Te propongo un segundo,
una fracción de tiempo
donde te sientas seguro
y tus muros
se caigan completos
respirando tu aliento.

Amigo mío,
se libre
que para eso es la vida
para eso es tu cuerpo.
Vuélvete un ave
y vuela muy alto,
a donde te lleve el viento.

martes, 20 de enero de 2015

La Danza de la Realidad: la obra de Jodorowsky

Me di la oportunidad de leer el libro y ver la película de “La Danza de la Realidad” de Alejandro Jodorowsky, y la síntesis de ambas me ha dejado la experiencia para comprender y reconciliar una parte de mi historia personal. Una de las cosas que de hecho me motivaron a escribir y abrir este blog fue porque durante la lectura del libro, supe que era importante empezar a hacer lo que ya sé hacer, entregarme a lo que inevitablemente me ayuda a sanar, a construir y a meditar mi aquí y ahora. El libro me hizo ver de nuevo algo que el señor Jodorowsky ya me había enseñado en trabajos anteriores: el arte es para sanar. El arte no debe de ser una forma de adornar la ilusión del ego, un pretexto para engrandecerlo ni para lucirlo. El arte es un camino hacía la conciencia, que abre otros caminos y otras conciencias, y así resuena en el universo. El libro es una biografía fantástica con la que fácilmente logras identificarte en alguno de sus pasajes. Uno de los que más me marcó fue cuando habla de cómo Alejandro tuvo sus primeras aproximaciones a la poesía, en donde yo concluí y reflexioné una vez más sobre la importancia de las palabras y de su intención. Comparte un haiku japonés que un alumno le muestra a su maestro:

Una mariposa:
Le quito las alas
¡Obtengo un pimiento!

A lo que el maestro responde:
-No, no es eso. Escucha.

Un pimiento:
Le agrego unas alas
¡Obtengo una mariposa!

La lección es clara: el acto poético debe ser siempre positivo, buscar la construcción y no la destrucción. También le agregaría que puede buscar la deconstrucción con la intención de reconstruir y crear algo con mayor belleza.

En cuanto a la película, admito que es un trabajo a lo que nos tiene acostumbrados Jodorowsky en cuanto a imaginería y ritmo. “La Montaña Sagrada” sirve como el molde que le da forma a esta nueva obra del maestro, pero también nos lleva por turbulencias narrativas y peculiares personajes  como en “Santa Sangre”.  En sí, la película es un acto poético, y la cima de ésta [spoiler alert] es el momento en que el niño Alejandro quiere saltar de un acantilado, pero el viejo Alejandro lo abraza para sostenerlo, para protegerlo, acompañarlo, darle fuerza, seguridad, para decirle “yo estoy contigo, no estás solo”. Es el rescate de nuestra infancia, de nuestro destino determinado por nuestra inocencia marcada por lo que otros dicen, piensan, sienten y creen. Se siente en el transcurso de toda la película, que Jodorowsky sabe que su tiempo en este plano está por acabar y busca reconciliar su historia, haciendo de ella una poesía que comparte con aquello  que lo llevó a hacerla. Un ciclo hecho por él a través de recorrer por su propia fantasía.


Admiro la obra de quien considero un maestro en mi camino, porque a través de ella he comprendido lo importante que es ser y dejar ser, vivir y dejar vivir. La danza de la realidad se baila día a día en la armonía de nuestra conciencia, de hacer que las cosas fluyan y de hacer que nos movamos en la frecuencia del alma universal a través de una sola cosa: el amor.

viernes, 9 de enero de 2015

Bienvenida (Depuis Le Début)

Esta es la primera vez que tomo una decisión de esta magnitud de responsabilidad. Comprometerme con escribir es un compromiso personal que quiero ejercer, dejarme de chingaderas y creer que puedo escribir cosas interesantes, graciosas, que muevan emociones y creencias, cosas que sean autenticas y dignas de ser tomadas en cuenta, ya sea para elogiarlas o para sentirse ofendidos.

Alguien alguna vez, un maestro, me enseñó que las palabras transforman y creo firmemente en esa frase, es parte de mi credo personal. Todos los días me lo recuerdo porque cada palabra que sale de mi boca o de mis manos, resuena en el universo con su vibración y su frecuencia y va transformando lo que toca. Creo que muy pocas personas conocen el verdadero valor que tienen las palabras y las usa o las dice como si fueran desechables, sin saber que son un recurso renovable y reciclable que da luz a este planeta. Y así como es importante hacer uso de la palabra oral y escrita, también lo es el silencio. La prudencia de usar el silencio vuelve más armonioso el ejercicio de la libertad de expresión, es un privilegio que debe usarse con cautela y sensatez. El silencio es necesario para decir una idea también, a veces dice más que lo que se puede decir con palabras.

Por eso quiero que cuando haga uso de este espacio para decir algo que quiero decir o algo que siento, lo haré con responsabilidad, y si dejo de hacerlo, lo haré de la misma manera. He andado de aquí para allá, he hecho muchas cosas, he tomado muchos riesgos, he visto y escuchado tantas cosas, que no quiero que se queden sólo conmigo.Y sé que al final, cuando alguien las lea, habrá sangre... porque no todos luchan con las mismas armas ni las mismas estrategias ni por una misma batalla, pero me siento listo para enfrentarme a esas circunstancias y agradeceré la experiencia. Y si hay coincidencia con lo que piense o quiera decir alguien más, también estaré agradecido. Bueno... pues empezamos. Bienvenidas y bienvenidos.